14 jun 2011

Equilibrio rotuliano

Era larguísima la escalera, y ambos nos detuvimos en el tercer o cuarto escalón.
La pared estaba cubierta por  una moqueta oscura y áspera. Subí despacio un escalón, y después otro orbitando en sus pupilas.
Éll dobló su pierna y  la rodilla me rozó, parecía un imán. Busqué acoplarme en ella.
El pasamanos hizo que no perdiera el equilibrio y mis  pies apenas rozaban el escalón.
Suspendida en su rótula, floté.

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