19 jul 2010

Es la atmósfesra lo fascinante.
La ciudad no cambia, no existen estaciones. No hay invierno. No hay otoño.
No existen ciclos.
La distancia delante, detrás, a la derecha, a la izquierda... es la misma siempre. Tengo todo detrás y todo delante. Tengo todo lo vivido aquí, a la misma distancia  de lo que estoy a punto de vivir.
No existen períodos.
No existen ciclos.
Con tanto espacio,  es probable que haya por ahí un montón de desconocidos merodeando, acechando... escondidos bajo alguna sombra.
Siempre la misma ciudad.

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